La religión hoy

RELIGION

Entresaco unos párrafos de un articulo del rabino inglés  Johnathan Sack , “Los límites del  laicismo”,  que me parecen esencialmente lúcidos.

“En 1830, un joven aristócrata francés visitó Estados Unidos para observar el nuevo fenómeno de la democracia estadounidense, construida sobre el principio de separación de iglesia y Estado. Como es lógico, también esperaba encontrarse con una sociedad laica, un lugar donde la religión, al haber sido desprovista de poder, no ejerciera ninguna influencia. Lo que encontró fue justo lo contrario: una sociedad que de hecho era muy religiosa, una sociedad donde, según sus palabras, la religión era “la primera institución política”. O como diríamos hoy, la primera institución civil.

Este joven aristócrata era Alexis de Tocqueville, y en el libro que escribió sobre sus experiencias, concretamente su experiencia sobre la democracia estadounidense, dijo “Los filósofos del siglo XVIII explicaban el debilitamiento gradual de las creencias de una forma muy simple. El celo religioso, decían, se apagará a medida que aumenten la libertad y la ilustración”. En otras palabras, Tocqueville estaba diciendo que todo intelectual del siglo XVIII que se preciase de serlo pensaba que la religión estaba muriéndose, que estaba en cuidados intensivos, y que solo necesitaba un poco de ayuda para acabar; el suicidio asistido. “Es lamentable –dice Tocqueville– que los hechos no estén de acuerdo con esta teoría”. Así que planteaba esta pregunta: ¿cómo es que la religión no se había muerto, si todos habían dicho que lo haría?

Mi respuesta es sencilla. La religión sobrevive porque responde a tres preguntas que toda persona reflexiva se debe preguntar: ¿Quién soy? ¿Por qué estoy aquí? ¿Cómo he de vivir? Siempre nos plantearemos estas preguntas porque el homo-sapiens es un animal que busca significados, y la religión siempre ha sido nuestra mayor herencia de significado. Podemos tener la ciencia, la tecnología, el Estado democrático liberal y la economía de mercado como cuatro instituciones que caracterizan la modernidad, pero ninguna de ellas podrá responder a estas preguntas que se plantean los humanos. (…) Han pasado 180 años desde que Tocqueville escribiera estas palabras, pero hasta hace bien poco los intelectuales seguían cometiendo el mismo error. En Estados Unidos hoy, por ejemplo, el porcentaje de personas que asisten semanalmente a un lugar de culto es mayor que el de Irán: 40% en Estados Unidos, 39% en Irán. Es más, en China hoy, medio siglo después de que el presidente Mao declarase que China era un país laico, hay más cristianos practicantes que miembros del Partido Comunista. De una u otra forma, la religión no ha muerto.

En un libro titulado American Grace, Robert Putnam documentaba su descubrimiento de que el capital social está vivo y goza de buena salud en Estados Unidos, y en un lugar más que en ningún otro: en los centros de culto. Cuatro años de investigación le valieron a Putnam para descubrir que si una persona acude regularmente a la iglesia o sinagoga, es más probable que done dinero a la beneficencia que si no va regularmente. También es más probable que realice trabajos voluntarios para la beneficencia, que dé dinero a una persona sin techo, entregue vueltas de más a un dependiente, done sangre, ayude a un vecino con las bolsas de la compra, ayude a alguien con las tareas del hogar, pase tiempo con alguien que esté deprimido, permita que un conductor se te cuele con el coche, ofrezca un asiento a un extraño o ayude a alguien a encontrar trabajo. Entre todas las buenas obras exploradas en la encuesta, no hay ninguna que los estadounidenses laicos hagan con más frecuencia que sus homólogos religiosos. (…)

La religiosidad resulta ser el mejor indicador de participación cívica, ofrece datos más precisos que la educación, la edad, los ingresos, el sexo o la raza. Además, es más probable que las personas religiosas que asistan de forma regular a la iglesia o sinagoga se declaren felices y también vivan más tiempo. El libro de Putnam demuestra que la religión no solo no ha muerto, sino que es una fuente fundamental y primordial para la comunidad y el altruismo. Asimismo, Putnam afirma que las investigaciones en el Reino Unido –pendiente de publicación– confirman lo mismo. (…)

Más recientemente, el historiador escocés Niall Fergusson expuso algo sorprendente en el final de su libro “Civilización: Occidente y el resto”, al relatar la investigación llevada a cabo por la Academia China de Ciencias Sociales sobre cómo Occidente adelantó a China. Hasta el 1500, China estaba por delante de Occidente en prácticamente todos los aspectos relacionados con la tecnología: impresión, cerámica, tejidos, molinos de agua, etc. Pero a partir del 1500, Occidente adelantó a China y se mantuvo por delante hasta hace poco. Así que se encargó a la Academia China de Ciencias Sociales que averiguase qué era lo que daba a Occidente su ventaja diferenciadora, y los académicos chinos encargados de esta investigación informaron de lo siguiente: “Al principio pensamos que se trataba de vuestras armas, teníais armas mejores y más grandes que las nuestras. Luego investigamos un poco más y descubrimos que no, que se trataba de vuestro sistema político, era la democracia lo que os había permitido tener mejores armas. Luego indagamos todavía más y nos dimos cuenta de que era vuestro mercado, vuestro sistema económico os dio la democracia que, a su vez, os dio las mejores armas. Pero en los últimos veinte años nos hemos dado cuenta de que era vuestra religión”.”

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